La primavera apesta

A veces me asalta la terrible sensación de ser feliz.

He decidido coger al toro por los cuernos y menuda hostia.
No es tan fácil como en aquella peli de Allen en la que aborda a la chica en mitad de Venecia.
A mí también, casi, me da un infarto.

He llamado a mi médico y le he pedido cita para mañana.
Por tener alguna razón para levantarme y ya veré que me duele.

Doctor,
Me duele aquí, en los recuerdos, en las noches que regalé y en las que nunca me atreví a dar.
¿Es grave?

Así me lo imagino y también los quince días posteriores en la unidad de psiquiatría del doce de octubre.

En realidad, lo que yo venía a contaros, es que hoy me he cruzado con la primavera en el metro

Y no olía precisamente a flores.

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