Carta de disculpas

Aprendí a vivir el mismo día en que comprendí que podía llenar el precipicio de recuerdos y seguir así adelante.

Discúlpenme ustedes.
Los que me leen mientras atisban la duda sobre si esto es realidad o simple tragicomedia.
Los que se abalanzan sobre las letras con hambre de desconsuelo.
Todos aquellos que me miraron sonreír y pasaron de largo, sabiendo que nada iba bien.
A quienes fueron al dentista para tener sonrisas perfectas.
A los que saciaron su sed en coños ajenos a la ley.
Los que rebuscan en la basura de las vidas plagadas de flores, buscando marchitar el jardín.

Pero ésta no es mi guerra.
Al igual que yo jamás
combatiré en las suyas
por menguar una sola de sus tristezas.

Han dejado la huella al descubierto.
Como el incendio que arrasa el bosque dejando tras de sí el esqueleto inerte,
la sonrisa desgastada,
los pantalones por los tobillos
Y la dignidad bajo los pies.

Queriendo ser los primeros de la triste cola de la tristeza en un bar.
Queriendo ser los últimos en asomaros al escote indiferente de aquella de la que hoy, sólo os queda el recuerdo.
Queriendo abrazar la codicia de ser alguien intentando ser otros.
Burdas copias de otros que a su vez, son burdas copias de otros.

Ésta ya no es mi guerra
y aunque no podáis aceptarlo,

Ya estamos todos muertos.

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