Último adiós

He sentido tres veces como me desprendía de todo y despertaba días después en una cama de hospital.

El abandono irracional de todo lo racional. La muerte de los veranos que pesan sobre la conciencia.
La insensatez de creer que estaba ganando,
Cuando todo estaba perdido.

He sonreído al ver como aquel líquido negro viscoso había absorbido hasta el último ápice de dignidad, mientras una mujer de bata blanca me preguntaba si el fin era morir.

-Por supuesto que quería morir. Nadie engulle esas cantidades de felicidad y alcohol si no quiere morir-

Quince días recluido en una unidad de psiquiatría.

Pronóstico reservado. Como las quinielas.

La muerte nunca era lo importante, sino las piezas sueltas del puzzle que dejaba tras de mí y que otro debería completar sin éxito y sin gloria.

Quien daría de comer a los gatos, vería crecer a aquellos dos niños, qué les dirían cuando preguntasen por mí, que harán los números rojos, ¿se pondrán de luto en el funeral?, un libro a título póstumo, una biografía no autorizada.

Un revés multiplicado por tres y la certeza de que a la cuarta iría la vencida, como yo.

Recuerdos pegados en paredes de mujeres abandonadas, deshechas o aliviadas por la noticia. Una firma en una hoja cualquiera, diciendo una verdad sobre la vida que nunca me atreví a vivir.

Nadie te ha dado vela en este entierro,
Pero puedes soplar la mía.

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