Me olvidé

Hace tanto que no sé querer,
Que ya no duele.

Me recuerda a la lata sin etiqueta que nadie quiere abrir, a la media cebolla en la nevera, que sabe que nunca será manjar.

Mustia muere sola.

Ya no duele el “tenemos que hablar”

Me alivia

La rancia despedida de palabras que proyecta su boca y que no sabe, ni sabrá, que ya no impactan en mi pecho.

Hace tanto que no sé querer
Que las margaritas sonríen al verme pasar, sabiendo que no seré yo el verdugo de la duda infinita, que deshoje campos enteros, por una sola flor.

Siempre he pensado que un corazón destrozado, no haría ruido ninguno al latir. Pero del último portazo saltó por los aires y del estruendo aún resuenan las hostias de la vida, las heridas de la infancia, las cicatrices de adolescente y una muerte prematura.

Hace tanto que no sé querer,
Que hasta guardo buen recuerdo de ti.

Tápame la boca
que se me escapa la vida escribiendo.

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