Diciembre pasado

Fue justo el día en que hicimos del apocalipsis algo más que un libro.

El mismo día que comprendí que el daño que me hacía a mi, ella lo había aprendido de otro.

La observo pensativa.

Más de lo habitual, quiero decir.

Nunca he visto a Valkiria estornudar dos veces, por no oír su nombre repetido.

Así es ella. Es como el único terremoto que te avisa con antelación y aun así, te pilla con la vida a medio recoger.

Quizá, tan solo sea una cría, que compró camisetas con frases, para que hablasen por ella.

O tal vez no.

Tal vez sea la única que sepa a que hora abren los cementerios, para dejar flores al que abre.
O tal vez sea ella misma la ley de la gravedad y así, nada le preocupe.

No hay nada más grave, que no tener miedo a nada.

Ella hoy está nublada con altas probabilidades de precipitaciones en la meseta central.

Valkiria te moja cuando llora, hasta cuándo te escondes debajo de la cornisa de la que nunca te atreviste a saltar.

Le van a faltar días a este diciembre e inviernos a este año.

Valkiria se ha roto y también a llorar.

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