Sin remite

Los problemas vienen solos. O acompañados de más problemas.
Con una carta sin remite y un disparo a bocajarro de alguien que conocías.

Una canción sin título y un título sin corona. Una corona sin cabeza y una cabeza sin corazón.

No era tu falta de calor lo que me preocupaba sino la ausencia de frio en diciembre, cuando abrías el colchón de par en par y me enseñabas la fortuna de recuerdos que habías cosido en el.

Ni tan siquiera me preocupó cuando sonó aquella canción y en vez de llorar te corriste.

No soy un juguete roto, te dije, tan solo que tengo un modo de jugar diferente a lo que la inmensa minoría está acostumbrada.

Me diste cuerda,
Pero no alas.

Aún hay trozos de aquel día esparcidos por Madrid.

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