Mi rincón

Metiste los dedos en la herida y firmaste al final de poema con mi propia desgracia.

Dejaste tantos recuerdos que no necesito hacer la compra en semanas.

Me obligaste a la soledad de la amapola que crece en mitad de la acera. Hermosa. Sola.

Tiraste los andamios de la casa a medio hacer y te tragaste la llave de la única puerta que conseguimos abrir.

Y aun así,

Siempre fuiste

Mi rincón favorito de Madrid.

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