Descosidos

Dictadora del estado de ánimo y pluscuamperfecta de errores ajenos.

Así era ella.

Mediotodo de los que somos casinada y ojo en la paja ajena.
Sumidero de derrotas, tragadora compulsiva de conquistas y bebedora de olvidos por ella.

Me avisó de que sus mariposas son capaces de sentir miedo y por eso hace decenas de unidades de millar que no vuelan más que para alimentarse.
Que tenía un orificio de entrada en el pecho, roído de sinsabores y abierto por exigencias del guión, pero que no tenía salida. Que ahí estaba su problema.

Acumulaba espasmos que ella achacaba al frío, pero no eran más que recuerdos de otros que un día fueron y que la dejaron para ser.

Como yo.

Un placer haberte descosido.

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