El verano

Hay veces, en que el amor se mide y contiene en un abrazo,
Uno de esos que se dan sin brazos ya que la extremidades estorban al resto.
Ella me quiso sin extremidades, me amó sin corazones con flechas, pues sabía que yo llevaba ya demasiadas clavadas en el mío.

Debo decir que mi deuda con ella asciende a 6 ceros de teamos, que nunca sabré saldar con mis tequieros.

Me comenzó a querer en primavera y me dejó allá por verano, y puedo contar con los dedos de Madrid las noches en que nos perdimos de la mano por los sueños.
Me dejó allá por verano.
Y tal vez es que el amor no puede con los meses calurosos o tal vez mi habitación olía demasiado a fracaso.

Fuese como fuese, me dejó allá por verano,
Pero no dejó de amarme, hasta tres inviernos después.

Le deseo la mejor de las derrotas, pues no hubo vencedor, no en esta guerra.
Le deseo una sonrisa que le toque las orejas.
Un abrazo que sienta después de haberla soltado.

Le deseo el peor de los hombres,
Porque ese siempre sería yo.

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