La creación

Quien se cree El, para atribuirse haber creado al hombre y a la mujer,
Al hombre vale, pero al espejo donde yo me miro no,
A las eses que hacen sus caderas debió crearlas un arquitecto
Y no hablo de uno recién salido del horno,
Hablo de uno consagrado,

Quien mas si no, pudo hacer dos ventanales opacos en el hueco de sus ojos,
Quien podría diseñar nunca jamás en una sola de sus clavículas,
Quien se atrevería a calcular su estructura,
Quien sería capaz de trazar la línea curva de su sonrisa a mano alzada y no salirse un ápice en el corazón perfecto de su labio superior,
Quien dibujaría sus caderas sin un seísmo a modo de miedo,
Quien trazaría sus piernas con la simetría de dos gotas de agua derramadas sobre el cristal,

Quien si no se atrevería a colorear un corazón sin cordura para no meterse en el,
Quien soñaria con su pelo mientras veía el humo salir de una vela recién apagada.

El pudo crear al hombre,
Pero a ella, la crearon del revés.
Ella debía venir del futuro,
Del mismo que yo le regalo,
Cada vez que se abre el ascensor
Y la creación deja de importarme.

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