Madrid

Vacío ya del todo, sentado en el adoctrinado suelo que una vez fue juguete, -hace ya mucho de eso- retomo la mirada de una ciudad que no discrimina el roce del golpe, que no atiende a la suplica del que hace volar los pétalos de un diente de león,

Le devuelvo la mirada,
Retomo la lucha entre la muerte y lo contrario, malvivir,
Le cojo el pulso en la carótida obstruida por despedidas,
Intento adivinar que me dice con su mirada azul verano,

Pero yo sigo en el suelo,
Buscando la herida abierta para cerrarla,
A sabiendas de que una herida deja marca, cuanto mas la tocas,

Nada, sigo en la dura losa,
Que no me da pistas sobre donde desemboca el torrente de miedos,
Donde van a parar las notas de los músicos callejeros que ya nadie oye,
Donde se pierden los libros que no se venden,

Nada, maldita ciudad áspera y con prisas, ni un sólo consejo, ni un atisbo de salida,

He maldecido mil veces tus calles,
Y aun así, sigues siendo poesía.

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