Tan verdad

Yo comenzaba a creer en dios, cuando cada tarde el ascensor subía con ella dentro,
Era casi una aparición verla subir de ese modo, sin que se le despeinara la falda,
Sin que se le volase el pelo.

Ella era la cura a mi cáncer de vida,
Era el presente perfecto, el futuro sin condicional, ella era las siete maravillas resumida en la comisura de sus labios y también de su boca.

Su piel brillaba de día, así hacía de un día cualquiera oscuridad, eclipsaba los neones de Madrid, el cartel de Tío Pepe se apagaba si ella pasaba debajo,
La luna menguaba, se ponía hasta arriba de ella y después aparecía llena, como yo después de tenerla.

Nunca creí en los milagros hasta que ella se corría y parecía que lloraba hacia afuera,
Hasta que me apagaba los males al besarme,
Hasta que me cubría mis cicatrices con las suyas y sangraba hacia adentro.

Es cierto que me confesaba arrodillado entre sus piernas,
Es tan verdad que era mía que ya no era de ella,

Es tan verdad, es tan cierto,
Que valió la pena.

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