El Edén

Nadie me dijo cuando entré en el Edén,
Que habría condiciones,
Mucho menos que ella estaría ahí.

Me daban igual las manzanas,
La hoja de parra, no es que me quedara precisamente bien,
Las serpientes nunca me dieron miedo,
Pero como no morderla a ella,
Como no querer destapar los secretos que me guardaba,
Como no enroscarme a sus caderas, tratando de hacerla pecar en mi, hasta desgastar la vida y asegurar la humanidad.

Vale, no se llama Eva, quizá no necesite ser la primera mujer,
Aunque a mi me seduce la idea de ser su única elección,
Es cierto que nadie me avisó de que su pecado es incierto,
De qué el castigo de que me quisiera, sería hacerla,

Pero amor, déjame decirte,
Que mereció la pena ser expulsado del Edén,
Y que ahora, el único paraíso que concibo,
Es la arista casi perfecta que forma tu clavícula.
Es el círculo perfecto de tu ombligo,
La perpendicularidad idónea de tus piernas,
El Maná que brota de tu garganta cuando nos hacemos nosotros.

Yo no soy Adán, ni tu eres Eva,
Y sólo puedo prometerte,
Que el Edén tan sólo será el primero,
De muchos sitios de donde nos van a expulsar.

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