Ebrio

Hay quien dice que no se escribir sin una cerveza en la mano. Este poema lo corrobora.

Ya llevo 4 cervezas,
Enclaustrado en estas 4 paredes,
Van a su salud,
Por tantas veces que han callado cuando te oían gemir,
Celosas de tu sudor empañando las ventanas,
A ellas les quedaba la caricia única de tus dedos,
Cuando te ponía contra la pared,
Sujetaba tu pelo con violencia,
Y al entrar en ti el sol de ponía en medio mundo,
Por fin sentía la húmeda sensación de tenerte,
Acompasado movimiento,
De tus caderas y mi vientre,
Mi pelvis golpeando cada baldosa del baño,
Tu garganta acariciando cada nota de un pentagrama de una sola nota,
La felicidad chorreando entre tus piernas y yo,
Yo seguía soñando con que nunca, jamás, te irías,
Nunca abandonarías aquel espejo que nos dijo las verdades de nuestra naturaleza animal y nos descubrió radiantes justo en el preciso instante,

En qué tu espalda se llenó de mi

Y yo me vacié para siempre.

Ese espejo ahora me mira y se ríe.

Hijo de puta, me recuerda cada día, tus pechos entre mis manos y me afeito con la suave cuchilla de tus dientes en mi clavícula.

Creo que deberías volver,
El parqué echa de menos tu sonrisa.

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