Ateo confeso

Cuando te conocí,
Deje de creer en la Biblia y en cualquier dios que me dijera,
Que cada cosa que hacía en ti,
Era pecado.

Dejé de abrazar cualquier religión,
Pues mi única doctrina fue quererte,
Mi único dogma de fe,
Fue el de despertar cada mañana
Y saber que seguías ahí.

Pecaba al besarte antes de que abrieras esos ojos
Y es que amor,
Me gusta ser tu despertador,
Me gusta cambiarme por el rayo de sol que entra por la ventana,
Te desvela y te pide más pecados.

Uniste todas las religiones,
Una sola diosa,
Mi becerro de oro al que adorar,
Ofrendas de flores e incienso
El sacrifico mejor justificado
De todos los tiempos bíblicos.

Mi única cruz fue no haberte conocido antes,
Haber devorado vacas sagradas,
Buscando tu cáliz,
Brotando de tus piernas cada vez que hundía mi mano y tu rezabas,
Porque detrás de eso,
Fuese yo quien entrase en ti,
Te poseyese y el único exorcismo posible, fuese tu orgasmo,
Rezabas,
Y el único grito al cielo,
Iba dedicado a los vecinos,
Paredes de hormigón del templo de nuestra cama,
Era tu gemido,

Alarido en curva que se propagaba,
Mientras la religión de la primera persona del plural,
Nacía entre tus piernas y mi boca.

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