A lo que no vuelve

En lo frágil de sus piernas, descifré mil poemas, cien verdades sobre la redondez de la tierra, diez noches infinitas con sus mañanas eternas, un solo castigo, vivir siempre sin ella.

Me dijo, “como sigas así, vamos a tener problemas”
“De los buenos” continuó.

Y yo más suicida que conservador,  más de su boca que de chocolate, yo que me perdí en la selva de su pelo por descubrir la pantera que se escondía allí dentro, seguí.
Seguí por salvación,  por masoquismo,  por el vicio del dolor que me infligían sus ojos clavados y sus uñas acariciando.

Mil y cien y diez y una,

Quizá no vuelvas nunca a ser poema, pero siempre serás,  un verso de mi vida.

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