Su gris

Hoy la descubro diferente, otra, el miedo despeina sus ojos y no mira hacia afuera.
Parece que algo la nubla, una nube de desesperanza, una tristeza gris -porque la tristeza nunca supo pintar de colores- que le tiñe las pestañas y recubre su espalda, eriza su piel y hace que tiemble del frio húmedo de las lágrimas que no se quita.

La pena apaga el brillo de sus labios, no besa, tiene puesto el silenciador a la pistola con la que antes disparaba a bocajarro y usa balas de fogueo.

Hoy ella, no es ella, es un monstruo que todos llevamos dentro y se apodera, la llena de amargura, se lleva la sangre e inunda su corazón de pena.

Voy a abrazarla, quizá en otro momento,
Termine este poema.
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