Lecciones

Del mordisco de su labio, aprendí de la violencia del amor.
De las lágrimas rotas de sus ojos, desprendí lo duro del amor que se queda en cariño.

De la curvatura de su espalda, aprendí de lo hermoso de marearse en un viaje.
De sus despedidas desaprendí, que una retirada a tiempo siempre es la mejor elección.

Del arañazo de sus dedos aprendí, que daba igual la herida si era ella quien la hacía.
De lo amargo de sus besos desaprendí, que cuando es el último, ningún beso apetece.

De sus caderas aprendí, que eran el mejor manillar para ir por esta vida.
Del 36 de sus pies desaprendí, que la única vez que no me gustaban, era cuando sus huellas se alejaban.

La aprendí y desprendí tantas veces, que ella fue como la vida en si, lección y castigo.
Con ella supe del infierno y del cielo en un mismo capítulo.

Con ella escribí los versos más tristes, y también, los que nunca escribo.

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