Revolución

En el amor, como en la gran mayoría de juegos de azar, apostamos más de lo que tenemos, por norma perdemos más de lo que apostamos y cuando ganamos, es porque alguien pierde.

Cuando la volví a ver, esto retumbaba en mi pecho, más revolucionado que de costumbre, a mi, aficionado al juego, por no tener nada que perder.

Volví a hundir mi cara en su cuello,  volví a olerla como la primera vez y nació de nuevo un 14 de febrero en pleno mes de mayo, comencé a salivar recordando unos besos que había olvidado y anhelé por un instante, lo que me pareció media vida.

Quise odiarla, repudiarla y desterrarla de aquel parque, declararla persona non grata en Madrid y en lugar de eso,

Me exilié en sus mentiras, la quise solo en los días que ella me permitía, pasando manutención por los besos que me daba solo a escondidas.

Revolución.

Tiré de la soga de su estatua,
Liberé a mi corazón.
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