Casinos

Y me vi de repente, apostando a la ruleta, al impar de una vida sólo, al par de tus piernas, y me vi sin cambio, en este casino de mierda, donde naces y sobrevives hasta que te mueras, apostando todo al rojo, carmín de tu boca, arañazo en mi espalda, y acabó siendo el rojo,
Como siempre,
De una hostia bien dada.

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