Casualidades

La conocí un día cualquiera, aunque siempre recordaré la fecha, su pelo negro, su sonrisa llena, su voz resonando en mi cabeza, mandando mensajes subliminales, buscando su alma gemela.

No me buscó, yo no la busqué, y quizá por eso nos encontramos, ella era hermosa, con su pelo rizado, sus locuras, escritas en verso, una cerveza en su mano y en su boca mil besos.

No le dije ni hola, ella no me dijo ni adiós, nos aplaudimos el uno al otro, sin saber de su dolor, sin saber su olor, sin saber su sabor, sin saber sí me daría una noche, o quizá un millón.

Noche cerrada, micros abiertos, palabras escritas, problemas no resueltos, vidas gastadas, buscando el amor eterno.
Vidas con alma, su pelo en mi espalda, poesías incompletas, sin el tesoro que esconde su falda.

No te dedicaré un poema, pues tu eres más prosa que otra cosa, tus labios riman entre sí, tus ojos suenan hasta cerrados, déjame entrar en ti, tu intenta no hacerme daño.

Yo volvía cuando ella venía, ella era primavera, cuando yo era invierno, ella era colores y yo más bien negro, ella era una poesía, y yo queriéndola hacer soneto, ella era en definitiva, cada uno de estos versos.

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