Mi primavera

Ella jugaba en otra liga, ella era un equipo de primera y yo un equipo de barrio sin equipación, ella era un fórmula 1 y yo no tenía ni coche, ella era un apartamento en Manhattan y yo una triste habitación a las afueras de cualquier ciudad.

Nunca aspiré a llegar a tocarte, jamás imaginé que podría tenerte tan cerca como no te tuve, esos labios eran un alimento prohibido en mi dieta, baja en amor y alta en desengaños, tus piernas eran un gran tesoro y yo sin mapa, sin brújula y tan desorientado -como diría Marwan- como un condón en el bolsillo de un obispo.

Sí, ya sabía que nunca te vería antes de partir aquel tren, que hay mujeres destinadas a algunos hombres y yo a veces, no me siento ni adolescente, con un síndrome de Peter Pan, de una infancia mal curada, que no me dejaban llegar más alto que tus tacones.

Y así fue, no miento ni exagero, ni soy pájaro de mal agüero, ella vino y se fue, no la vi ni de lejos, no se a que olía, mucho menos como sabía, que regalos guardaba debajo de aquella sonrisa, ni cuantas horas le habría dado debajo de mi camisa.

Este mundo está lleno de estrellas y yo soy tan piedra, tan lejos de lo más alto, ideal para tropezar con ella, a veces me cuelo en algún zapato con tacón de aguja, me escondo en un rincón y espero a que no me saquen nunca, pero acabo haciendo rozadura, y me vuelven a dejar en la cuneta, o en algún cubo de basura.

Empiezo a tener fobia a los andenes, esos sitios donde nunca amanece, donde hay más despedidas que atardeceres, donde la luna siempre está puesta, hasta arriba de suspiros, de llantos, de adioses, que se lleva un vagón a ninguna parte, porque amor, si no es conmigo, cualquier sitio es el equivocado, si no acaba mi viaje entre tus brazos.

Y quizá haya una próxima vez, en la que un anden sea motivo de alegría, donde vengas con un billete sólo de ida, donde lleves sólo lo que quepa en una mochila, pequeña, deja hueco para los sueños y la alegría, para los amaneceres con sonrisas, que la vida a tu lado, esta hecha para vivirla.

Tienes tan pocas primaveras, que tu jardín aún no ha germinado y ya me pareces la flor más bella.

Te regaré a diario, con canciones y con susurros, con besos mientras te acurruco, con mis dedos entre tu pelo, deshaciéndote los nudos.

Mira los horarios de los trenes, coge el siguiente, te esperaré en la estación, donde te bajas siempre,

Serás mi primavera, aunque sea diciembre.

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