Adiós

Fue tal cual lo cuenta la parte de mi que ahora mismo no encuentra lugar donde, al reflejarse en un espejo, no sienta vergüenza.

Mi ira descontrolada, pasos demasiado rápidos, intentando dejar atrás tantas cosas que no quería volver a vivir, la mirada perdida, el nervio a flor de piel, el pulso acelerado, mis manos temblando aun cuando giraba la llave de mi propia casa, sin saber muy bien cual sería mi siguiente paso.

-¿No me dices nada?
-Buen viaje

No, no era yo quien lo deseaba, ni tan siquiera el que lo quería, el único viaje que quería para ella, siempre sería de ida y vuelta, pero esta noche, mis pasos se alejaron, como el que se aleja de la escena de un crimen, a sabiendas que debe volver al escenario donde todo ocurrió, -joder, que putada que ese sitio fuera mi casa- como el delincuente que sale corriendo con un bolso, en este caso, cargado de lágrimas y un mal sabor de boca, por haber pronunciado unas palabras, que no hubiera querido decir y quizá por eso me costaba mantenerle la mirada y temeroso la aparté y bajé las escaleras como sí aquel sitio, me repudiase por lo que acababa de hacer.

Me voy a mi refugio, -Sí, Libertad es mi refugio cuando tengo miedo- pedí una cerveza tras otra, con el iluso pensamiento, de que ahogaría las lágrimas que derramaba a la vez que daba tragos largos de la única rubia que consiento en mi vida.

Nada me retuvo, nada me hizo volver, nada de mi quería regresar, sí no estabas tu allí.

Segundas partes nunca fueron buenas, pero decía Funambulista, “seamos segunda parte que ha salido bien” y aquella canción retumbaba sobre mi con dureza, sabiendo que me esforcé más en correr a mi casa que en retenerla a mi lado, que gasté más energías subiendo aquellas escaleras, que diciéndole que la quería, más que a mi mismo, pues hoy me he dado cuenta, tras dejarte ir, que me debo querer muy poco sí te he dejado marchar.

No se sí será la última vez que te vea, quizá en vivo sí, quizá nunca más contemple tu sonrisa, que aún cuando te había hecho todo el daño, me seguía dedicando toda su ternura.

Lo que sí es seguro, es que es y será la última vez que me vea tal cual he sido hoy, que no quiero más esa parte de mi que no se deja querer, que ahuyenta al amor a base de un adiós tan contundente, que hasta yo me quise ir.

Adiós a ti, adiós a mi.

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