Tu isla

¿Conocéis esa sensación de estar en verano y añorar el invierno y estar en pleno invierno y tener ganas de calor?

Así me he pasado media vida. Queriendo soledad cuando tenía amor y necesitando amor cuando tenía soledad.
Echando de menos al miedo cuando estaba seguro de todo y echando de menos la seguridad cuando lo único que tienes es miedo.
El absurdo de lo contradictorio.

Pero llegaste tu.

Y entonces tuve amor cuando quería amor, tuve seguridad cuando necesitaba seguridad, tuve tus brazos cuando tenía miedo.

La quise con todo, con sus miedos y sus monstruos, con sus jaquecas, con sus insomnios, con sus noches de sexo, con sus horas interminables durmiendo, con sus tacones y sus pies descalzos, con su presente, con su pasado, con sus ojeras y su pelo planchado.

Con sus tesoros, con sus miserias, con noches de cervezas y otras entre sus medias, con vestidos y sin ellos, con camiseta y pantalones vaqueros, con sus horarios y mi echarla de menos, con sus kilómetros y mis metros.

Con su música y sus conciertos, con sus ensayos y mis celos, con mi guitarra alrededor de su cuello, con sus dedos sobre mi cuerpo, con cada beso que me daba y se metía un poco más adentro.

Como dice la canción “no puedo vivir sin ti, no hay manera”, y es que sólo de pensarlo -he de reconocer que lo he hecho-, me invade la pena, dejarás un socavón en mi pecho que no tapará ningún tatuaje, entonces no habrá puntos de sutura ni vendajes, no más risas ni ternura, que la vida sin ti, no es vida, es una locura.

Entre sus piernas ya me he perdido unas cuantas veces y aunque no encontrase el camino de vuelta a tu boca, volvería a perderme cada noche, mirando por encima de tu vientre como te estremeces, agarras mi pelo y te pido que no me sueltes.

Eres el mapa más bonito donde he tenido que encontrarme, he tirado la brújula, me encanta eso de perderme, de conocer a base de andar en círculos, de buscar comida más abajo de tu ombligo, buscar oxígeno en tus ojos, tumbarme al sol sobre tu espalda, disfrutar de esta isla donde he varado,

Pero esta vez, no voy a hacer señales de socorro, voy a quedarme a vivir, donde comienzan tus ojos.

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2 comentarios en “Tu isla

  1. Ya era hermoso seguirte en twitter… ahora que he descubierto tu lugar, tu rincón, tu escondite.., tu punto de encuentro con el mundo en estas redes (que sí, que nunca, pero nunca nunca sociales), quiero seguir descubriendo más palabras, frases, sentimientos, acordes, versos y demás…donde no poder parar de mover la cabeza de un lado a otro al sentirme tan identificada.

    Eres afortunado por muchas cosas, pero para mí, desde este sur tan sur que me regala horas de sol y el hecho de poder enterrar los pies en la arena del Mediterráneo a sólo media hora de distancia, te digo que afortunado tú por vivir en Madrid. ….por sentir, por pensar, por escribir…. pero sobre todo, por encima de todo, por hacer vibrar a quienes podemos leerte.

    GRACIAS, con esas mayúsculas que no pueden abarcar todo lo que quisieran.

    A raíz de este último y bello post… me quedo con eso de “..Echando de menos al miedo cuando estaba seguro de todo y echando de menos la seguridad cuando lo único que tienes es miedo…” A veces, cuando echas de menos, echas de menos hasta el miedo. Y cuando no sientes nada, -porque ya no sientes nada-, piensas por qué no sentirás miedo de no tener miedo de no tenerlo… (el absurdo, como dices, de lo contradictorio…)…

    Es bonito seguir leyendo… “Pero llegaste tú”.

    Un abrazo gigante desde el SuR.

  2. Ostras Rocío…he leído esto de madrugada en una noche especialmente larga por esta cabeza que no para, pero he preferido contestarte ahora por la mañana con la taza de café lista.
    Creo que las GRACIAS así, tal cual, debo darlas yo.
    Primero por leer mi blog, como bien dices, mi rincón, mi escondite, el lugar donde más cómodo me siento, aunque este dentro de mi.
    Segundo por molestarte en escribir algo así a un casi completo desconocido, haciendo que se me salten las lágrimas.
    Soy de Sevilla y siento ese sur que me dices, ese tener la playa cerca, aunque en mi caso era el Atlántico, y vivir en Madrid a veces es un privilegio y a veces un castigo enorme.
    Como he puesto en algún post, es una ciudad que a veces te quiere y a veces te hace sentirte turista en tu propio barrio. No se cómo lo hace, pero puede llegar a ser demoledor.
    Quizá sólo me pase a mi, a mi mente inquieta y sobre todo intranquila por naturaleza, pero me pasa.

    Un millón de besos, de abrazos, de gracias por las ganas que me has dado de seguir escribiendo desde dentro hacia afuera y nunca al revés.

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