Bipolar

En un paseo por la feria permanente del libro que esta junto al Retiro, he visto esta frase -quizá no literal- que sí no vas mirando pasas de largo:

“Imagínate que está lloviendo
Y nosotros somos la lluvia.”

Me ha dejado un poco tocado de moral, la verdad.

Tengo un problema desde hace no se cuantos años, que hasta hace poco no he decidido tratar y es mi mi bipolaridad. Decidí tratarla a raíz de una tempestad que pasó por mi vida, donde a veces había sol y a veces tronaba secamente, una tormenta eléctrica de verano, que no descarga lluvia, sino truenos sin medida, donde a veces vi brotar pequeñas flores que luego el viento se llevaba.

Siempre he querido a destiempo, quizá porque cuando me querían yo no y cuando yo quería…el tren había salido de la estación y dormía plácidamente en otra que no era la mía.
He sabido darme por completo, aunque mi miedo, mi mente, tiraban con un cable de acero para atrás, intentando que estuviera sólo. Quizá no sin razón. Para querer, primero hay que quererse uno mismo y eso, los que me conocéis bien, yo nunca he sabido hacerlo.

He sido un completo mediocre en el sentido literal de la palabra en casi todos los aspectos de mi vida, trabajo, familia, amigos, pareja, guitarra, etc etc, pero completo a fin de cuentas por sacar algo positivo de todo esto.
He hecho todo bien y perfecto hasta la mitad, hasta darme cuenta que se me pedía tanto que, aún pudiendo darlo, no quería darlo quizá atado por esa cuerda invisible, que no se por que, me retenía en un punto fijo.

Sólo. Soledad. Vacío. Incompleto. Inacabado. Intrascendente.

Son palabras, sólo algunas de las que me han acompañado casi por completo en estos 30 años que ahora visto. En los cuales, ha faltado tanto amor y comprensión, como faldas y bares han sobrado.
Hace un mes me decidí a dar un paso definitivo en mi vida, aunque fuera bajo prescripción médica.
Mi bipolaridad dentro de poco ya no me acompañará, soltando así algo de lastre -o eso espero- de una vida incompleta.

Me siento un poco peor que ayer, pero quizá me siento mejor que dentro de un rato, esas son las consecuencias de esto, de ti, de tenerte y no tenerte, de vivir sin vivirte, de tener tus besos sin poder besarte, de saberte más mía que yo mío me siento.

Hoy mi guitarra -Abril- , me hace feos, mi garganta va a menos, mis dedos no tocan ya acordes mayores, y este sol, me incómoda hoy más que me agrada.

Sonrío bajo los efectos del alcohol y fumó un cigarro tras otro, dando bocanadas de un aire que hoy me falta, el césped tan verde del Retiro hoy parecía que me deslumbraba, no me dejaba mirarlo, me molestaban las parejas felices de la mano y yo aquí, tan tuyo, tan sólo, tan lleno y a la vez, vacío de todo.

Acabo de llegar a casa hace un rato.
Creo que es hora de poner el teléfono en silencio, mi cabeza en silencio, la música muy alta para intentar no escucharme repitiéndome una y otra vez que esto no va a salir bien nunca, como siempre.
Que abandone el barco antes de que se hunda, que no quiero ser el capitán de nada y tener que ver como se vuelve a hundir, ver como me vuelvo a hundir.

Quizá debería dejar de tocar almas, limitarme a las faldas, dormir de día, vivir de noche, olvidarme de la dieta mediterránea, de los colores, de las letras, de las melodías de algunas canciones.

Quizá es el momento, quizá no, hoy habla una parte de mi, que no se, ni tan siquiera, si soy yo.

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