Síndrome de Stendhal

El Síndrome de Stendhal, es un síndrome que nace o se descubre en Florencia, también se le denomina el síndrome del viajero y este sucede, cuando somos expuestos a muchas obras de arte, en particular sí estas son de especial belleza.

Joder, vaya párrafo que acabo de soltar para explicaros lo que sentí al verla por primera vez.

Imaginaos que os hablan de la Torre Eiffel, de los canales de Venecia, de la Pza de San Pedro, de mi catedral de Sevilla, de la Fontana di Trevi, de la Sagrada Familia, de los campos de tulipanes en Holanda, de las pirámides en Egipto, de las maravillas Incas y Aztecas, de los acantilados de Galicia, de una puesta de sol en Ibiza, de los coloridos puestos en Marruecos…pero que sois ciegos. No tenéis un referente a como son o pueden ser, salvo por vagas descripciones.

Yo, amigos, fui ciego. Yo nunca la había visto, su descripción fue tan vaga, que se olvidó de darme los más preciosos detalles. 4 horas de sueño, 8 de la mañana, ella duerme, yo la miro y ella, sin saberlo, sonríe.
Casa de un amigo, dos guitarras, su voz, ella canta, su voz…su mirada…
Un sofá, una manta, kebab de cena, y una película de cuyo nombre no quiero acordarme, se gira, me besa, me mira, la beso, te quiero, te amo, el sueño nos puede, pero el deseo nos gana, las sábanas estaban frías, pero teníamos remedio.

¿Quieres pasar el resto de tu vida conmigo? “Por supuesto”
Hoy no traigo anillo, pues de saber que tu vaga descripción, se quedaría tan jodidamente corta, habría traído el cielo conmigo.

No te diste cuenta, tenías la luna llena a tus espaldas y como una foto a trasluz, eclipsabas el brillo que reflejaba.

Mareos, vértigo, temblores, taquicardia, este síndrome de Stendhal me tiene descolocado, al sumirme entre tus brazos, no pude evitarlo, temblaba de miedo, como el pirata que encuentra un tesoro tan grande, que no cabe en su barco, lloraba con lágrimas que aún no comprendo -amor, debieron ser de felicidad- , pues aún no me habías tocado y mi piel ya te conocía.

Coincidimos en pensar al final, que en otra vida, fuiste mi madre, mi hija, mi mejor amiga, un amor imposible, un amor posible que se fue demasiado pronto, porque al besarla…
al besarla, borró todos los besos anteriores, cerraba cicatrices con un roce, aunque su mayor cicatriz ella la llevaba por dentro, cerré la suya al mirarla y decirle que sería para siempre.

Contemplé tanta belleza, aún con los ojos cerrados por su besos y empañados por mis lágrimas, que me juré que aquel museo, donde vi expuestas sus piernas, donde un cabecero de mimbre, fue testigo de lo que ocurrió, jamás cerraría por falta de fondos, pues mi vida, si se pone un poco de amor cada día, aquel que nos hizo conocernos, hará que siga la vida, juntos, y esta vez revueltos.

Seremos un dúo que canta juntos en casa, en el retiro, que se hace canciones de amor, sólo para contarle al mundo, que eso, el amor, existe.

No se sí te he encontrado, si me has encontrado tu, si las vidas gastadas hasta ahora, harán que te quedes, que me quede, que nos quedemos a fin de cuentas, que tu vida no sea tuya ni mía, que nuestra vida sea una, llevando ya mucho a cuestas.

Dos corazones más cuatro, no son seis, son uno enorme, ya lo verás,

Ya lo veréis.

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