El temporal

¿Habéis sentido miedo alguna vez?
Vaya pregunta…claro que sí.
Miedo a las arañas, a la muerte, a conducir, a bajar una pendiente con la bici, a haceros o que os hagan daño, a perder un tren, a saltar en paracaídas.

Menos en lo de las arañas, el resto y más, los he sufrido.

Pero hoy tengo miedo a salir de casa, he dado vueltas a mi corazón con gasas y tiritas tantas veces, tanto betadine para curarlo, he intentado apretarlo, como cuando echas pegamento a las piezas de algo que has roto, para que se queden quietos y pegaditos, que me da miedo usarlo.

Curioso que las emociones sean producto de nuestra cabeza, pero las asignemos al corazón, ¿verdad?

Siempre he sido de correr, de llevar velocidades excesivas, de no usar casco, ni protecciones adecuadas, me ha gustado disparar sin tapones en los oídos, para así sentir el sonido tal cual se producía. Algo similar a escuchar música en directo y en acústico a con banda y grabado en un disco.

Lo que pasa es que eso conlleva una serie de riesgos. Apuesto siempre lo que tengo sin medir el riesgo que ello supone y cuando lo mido tiemblo por dentro, al pensar en el impacto, en el golpe, en la sacudida, en la pérdida.
En cómo me quedaré después de apostar todo al rojo y que salga negro.

Que lotería tan grande y larga está de vivir.

No se darme al 50% ni en un porcentaje diferente al 100%. No me gustan los amores medidos, -porque como no, os hablo de amor- no me gustan los besos mirando el reloj, ni las caricias que llegan hasta donde se cree prudente, ni las relaciones con peros, ni dormir a medias, ni mucho menos sin ti.
No se calcular la distancia a dejar cuando es la pasión quien pisa el acelerador, no se volar más bajo cuando el viento es tan fuerte que me sube hasta donde casi me falta oxígeno. No se jugar al poker, porque no creo en el azar, sino en darlo todo, en todo momento, aunque eso, a menudo, suponga estamparme contra tu muro de hormigón.

Me tranquilizas, me dices que estas ahí, que no te has ido y mi miedo no es ese, mi miedo es a que te vayas.
Mi miedo es a no llegar a traspasar tu piel cuando te abrace, a que mi perfume no te guste, a que los besos con barba te piquen, a que mi amor sin medida te desborde como un temporal, que no mide su fuerza, sino que descarga con rabia, que no con maldad, toda su lluvia sobre la tierra.
Soy una ola de 12 metros rompiendo en O’Grove, un viento que derrumba paseos marítimos, una lluvia que desborda ríos, en definitiva, un corazón rebosando amor para darte.

Coge tu salvavidas, no remes a contracorriente, dicen que es mejor dejarse llevar por la marea para no ahogarse, que es mejor que la corriente te lleve donde quiera y que así el viaje no canse.
Baja los brazos, o mejor ábrelos, abrazame, serás mi salvavidas, mi balsa, y de tu boca beberé cuanto necesito para vivir y de tus ojos comeré para no morir de inanición.

Amor, se avecina un temporal, este será bueno, pero será tan intenso que necesito que estés lista para el.
No pongas tablas en la puerta ni cierres tus ventanas, es un temporal de amor, que azotará fuerte y derrumbara tus muros ya hechos y dejara nuevas marcas que tapen cicatrices con sus besos.
Las caricias de este temporal, te harán sentir la primavera, el mes de abril en pleno invierno.

No te lo pediré más, cierra tu paraguas, quítate el chubasquero, no te pintes los labios, estas preciosa tal cual, abre tus brazos, cierra los ojos,

Ya llega el temporal.

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