Los semáforos me dan miedo

Apoyándome en mi tan leído Paulo Cohelo:
Todas las batallas en la vida sirven para enseñarnos algo, incluso las que perdemos.

He librado tantas batallas externas e internas, que deberían hacerme un monumento a caballo con todas las patas en el aire, muerto en acto de servicio, con un epitafio que diga:
Murió por el y en el.
Vivió por ella y en ella.

Es cierto que de todo se aprende,
Quizá por esa razón mi cabeza funciona a ese ritmo vertiginoso.
He aprendido tanto, que ante un semáforo en verde, veo árboles, mareas, campos de trigo sin madurar, sus bragas, duendes, una señal para que siga adelante en la vida, poemas, el césped donde nunca le manché los pantalones porque esas manchas no salen -como si eso importase-, veo esmeraldas, veo Marruecos, mi Sevilla natal en primavera, el escudo del equipo rival.
Y así, sin darme cuenta, no he cruzado la calle y el semáforo está en rojo.
Y entonces veo pasión, sangre, joder, sus bragas de nuevo, mi agenda, una pelota de playa, mis ojos después de una noche sin dormir, pero soñando despierto entre sus brazos, un cuadro de un bote de sopa, la mesa de palets que ocupa más que mi cama, uniformes de animadoras, el color de mi equipo, cerezas, fresas, sandia, el ketchup que le echo a cualquier cosa comestible, un atardecer, una rosa roja en el jardín de rosales del Retiro, una ventana pintada en una casa encalada en cualquier sitio desde donde vea el mar, un clavel en la solapa el día que nunca me casaré, una autopista prohibida y un camino cerrado en mi vida.

Y si, de nuevo el semáforo se pone en verde.

Por eso, quizá por eso, voy por la vida cruzando por mitad de la calle, prefiriendo a veces la soledad de los senderos sin marcar, el dolor, el riesgo de cruzar la Gran Via por la mitad por el miedo a los semáforos.

A mi, me gustan los semáforos en ámbar. Duran tan poco, que no me da tiempo a pensar. Dura lo que duró mi vida contigo. Dura lo que dura esta canción de Andrés Suárez que oigo mientras lo escribo y que me recuerda tanto a ti -aunque tu no lo sepas- . Dura lo que dura un cigarro entre tus dedos. Dura lo que dura un abrazo en un aeropuerto entre un taxista y su desconocido pasajero. Dura lo que dura.

Quizá por eso, y ahora lo entiendas, me dan miedo los semáforos.

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3 comentarios en “Los semáforos me dan miedo

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