No voy a hablar de ti

Decía el Gran Sabina que lo peor del amor, es cuando al punto final de los finales, no le siguen dos puntos suspensivos.

Razón no le faltaba. Aunque es cierto que esos dos puntos suspensivos, yo nunca supe borrarlos.

Es difícil poner punto y final cuando se quiere, cuando se ama, cuando tu no quieres puntos sino una página en blanco nueva para empezar a escribir de nuevo, con tachones, torcido, e incluso de derecha a izquierda o de arriba a abajo.

Supongo, -pues las certezas nunca fueron santo de mi devoción ni se me dieron tan bien como las incertidumbres- , que hay veces que un adiós es menos doloroso que un hola, que hay días azules y días grises, y que en muchas ocasiones, cuesta ver más allá de un palmo de ti por el muro que uno mismo se construye.

Así se me escapó la vida, entre despedidas y encuentros, que siempre me recuerdan a mis pies en la arena de una playa de Galicia, justo en la orilla donde el agua viene y va y la arena te va enterrando poco a poco.
Que crueldad, que tan bonita imagen, me evoque sentimientos tan encontrados.

Hoy no voy a hablar de ti -aunque nunca deje de hacerlo- , sino que hablaré de una vida hecha trozos y es que amor, los corazones rotos siempre besan por el lado que más corta.

No he sabido nunca besar sin tocar más adentro y sin que me toquen, aún sin querer. Siento debilidad por la pasión encerrada tras cada caricia enredada en el pelo cuando una pareja se besa. Esa mano que aún siendo pleno invierno, helada, entra por detrás subiendo una camiseta, por la necesidad de piel.
A eso me refiero.

Hecho de menos la piel -si, tu piel aunque hoy no voy a hablar de ti- y las consecuencias químicas que genera ese contacto, piel con piel, más allá de la de los labios que no saben parar, más que nada, porque no quieren.

Se me amontonan los libros que hablan de amor sobre la mesa, no se cuantas veces he leído ya a Elvira Sastre, Marwan, Diego Ojeda, Marcus Versus, Sabina, buscando algo, no se que, que describa a la perfección esta necesidad.
Quizá ya lo he leído, quizá no era el momento y mi mente no retuvo esa página 47 de cualquier libro, porque mi corazón estaba a otra cosa -quizá a ti- que no era buscarme a mi, sino encontrarte a ti.

Quizá un día nublado como hoy, lluvioso como mañana, o soleado como ayer, son los días que más necesito esa -tu- piel.
Ven, a curarme las heridas que ya tenía y las que tu dejaste, ya te he explicado aquí como hacerlo.
No son tus besos, ni tus curvas, ni tan siquiera esa mirada donde veo sumergidos mis miedos, son tus manos, tus dedos, las líneas de tu palma, tus uñas clavadas en mi espalda, las que necesito esta noche.

Pero hoy, únicamente hoy, no voy a hablar de ti.

20140128-123059.jpg

Anuncios

Un comentario en “No voy a hablar de ti

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s