Mi gran monstruo azul

Mis miedos más superficiales y los que llevaba más dentro de mi,
Se reflejaban en ella.
Quizá, por ser todo lo que quería.
Quizá, por ser lo que tanto buscaba.
Quizá, porque no la merecía.

Ella era ese monstruo gigante y azul -si, mi monstruo es azul-,
Tan grande que no cabe en mi armario,
Ni tan siquiera bajo mi cama y que al verme salir de casa, se enroscaba a mi allí por donde fuese.

Es verdad, no era ella, era yo.

Supongo, que cuando tienes delante lo que quieres, te da tanto miedo tenerlo por el miedo a perderlo, que el miedo se multiplica en números aleatorios según la hora del día.

Mis horas críticas eran dos:
La noche cuando me iba a dormir sin ella.
Y la mañana cuando al dormir sin ella, sentía que la necesitaba más aún.

Esa sensación terrible de estirar el brazo y que el suyo no estuviera y despertarme angustiado como si alguien hubiese entrado a robar y se la hubiese llevado.
Ese vacío cuando abres los ojos, cuando el sol aún no lo ha hecho, y darte cuenta de que esa angustia no fue un sueño. Ella no esta.

Y así, cada día, unas veces involuntaria y otras veces por imposible, esa ausencia, daba de cenar y de desayunar a mi monstruo, que me miraba feliz desde el otro lado del sofá, como aquel que desayuna en el buffet libre de un hotel.

No se sí la cura, si la bala que ha de matar a ese monstruo se encuentra en dormir cada noche con ella o en dejar de soñarla aún despierto.
No se sí hacerme el mejor amigo de ese monstruo. O si sacarlo a pasear y tratar de darle esquinazo entre toda la gente que llena la Gran Vía un domingo a media mañana.

Como siempre me pasa, en mis divagaciones sobre mi(ti), las conclusiones se sacaran al gusto del que lo lea y yo, seguiré aquí sentado, mirando de reojo al monstruo, por si se duerme y me voy dejándole sólo en este banco en la Pza de España.
Pero sobre todo, sin sacar conclusiones.

Seguiré gritando hacia dentro, pues hacia fuera no me oye nadie. Quizá hacia dentro tampoco, porque sólo me puedo oir yo y ya no oigo más que tu voz.

El fin de un día, pondrá principio a otro, el principio de un día, se pondrá fin a sí mismo.

En ese día, me veo reflejado.

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